Los rosales se cuentan entre las leñosas más cultivadas en jardines y terrazas. Pueden usarse aislados, en arrietes, borduras y macizos de una misma variedad o combinando varias entre sí, también asociados a otros grupos de arbustos, formando setos, cubriendo terrazas, muros, pilares, pérgolas, etc. Admiten
perfectamente el cultivo en maceta o jardineras, e incluso hay variedades para interior.
La gama de colores es muy extensa, desde el blanco inmaculado al púrpura intenso, pasando por todos los matices y combinaciones. Cada año se buscan nuevas variedades que se presentan en concursos.
Por lo general las rosas se usan mucho para flor cortada, pero hay variedades que se prestan mejor que otras, y se cultivan en grandes invernaderos.
No se conoce con exactitud el número de especies originales de rosales, aunque oscila alrededor del centenar. Muchas de estas especies se han hibridado de forma espontánea. Gracias a la intervención humana se han producido alrededor de 2.500 clases, por medio de selecciones y cruzamiento de especies tipo, híbridos,
variedades, etc.
Según la forma los rosales se pueden clasificar:
- Rosales miniatura: son ejemplares enanos de follaje espeso, que no suelen sobrepasar los 15 centímetros de altura. Las flores son proporcionalmente grandes.
- Rosales polianta: conocidos como rosales "geranio". Alcanzan hasta 40 centímetros y producen por lo general flores pequeñas.
- Rosales floribundos: se confunden con los polianta, aunque estos son más altos, alcanzan los 80 centímetros y la flor es mayor, aunque con pocos pétalos. Es un cruce entre los rosales
polianta con los híbridos del té. Los botánicos no aceptan la denominación "floribunda" que se impuso con criterios comerciales.
- Rosales híbridos de té: proceden del cruce entre Rosa indica con variedades europeas. En este tipo de rosales destaca la longitud de los pétalos centrales y el gran tamaño de
la flor. Se les denominó "de té", porque el aroma recuerda a la infusión.
- Rosales de pie alto o arbolito: constan de un portainjerto en forma de tronco, cuyo extremo superior está injertado varias veces para formar una copa redondeada y erecta, donde se producen
el follaje y las flores. El portainjertos suele ser Rosa canina o híbrido Manetti, de gran resistencia. Alcanza 1,50 metros.
- Rosales llorones: presentan forma de arbolito también, pero el injerto procede de especies trepadoras, como Rosa wichuraiana. La copa es caediza y alcanza 1,60 metros de altura.
- Rosales trepadores y sarmentosos: los trepadores son de tallos algo débiles y a veces, sin espinas. Los sarmentosos tienen el tallo más vigoroso y muy erizado de espinas.
Emplazamiento, suelo y plantación
Todos los rosales refieren las exposiciones a pleno sol y los lugares aireados.
Se adaptan practicamente a todos los suelos, aunque es preferible que la zona elegida sea de tierra rica, suelta y que tenga un buen drenaje.
Para los que se colocan en macetas la mezcla más adecuada será:
- 1/3 de turba, brezo o mantillo
- 1/3 de arena lavada
- 1/3 de buena tierra de jardín
- Parte proporcional de abono para rosales
Las macetas deben estar bien limpias, si han sido usadas para otras plantas conviene lavarlas con agua jabonosa y un cepillo para eliminar los posibles microbios e insectos parásitos que pueda contener.
Asegurar un buen drenaje del recipiente, para ello colocar en la parte inferior una capa de 2 centímetros de piedrecitas o grava, y colocar sobre el orificio de salida un trozo de tiesto roto, para que el agua sobrante pueda salir y la tierra no se desplaze y obsture el orificio.
Rellenarlas hasta 2 centímetros del borde con la mezcla de tierra indicada.
Si se plantan en terreno directamente, eliminar las malas hierbas, cavar un hoyo de 30 x 30 para los rosales tipo matorral y 50 x 50 para los arbustivos o trepadores.
Si el terreno requiere una aportación de estiércol, hay que evitar que éste entre en contacto directo con las raíces, por lo que se echará al fondo del hoyo mezclándolo con la tierra. El estiércol deberá ser viejo, muy descompuesto, como si fuera tierra negra. Si es estiércol fresco quemaría las raíces.
La mejor época para plantar se extiende desde octubre hasta finales de marzo, para los rosales a raíz desnuda y en cepellón.
Durante todo el año para los rosales en maceta, salvo en la época de plena floración o de heladas.
La distancia entre plantones será:
- 30/40 centímetros para los rosales tipo matorral
- 50 centímetros para los rosales arbustivos
- 80 centímetros para los rosales cubresuelos
En los rosales a raíz desnuda, se deben cortar las ramas a 15/20 centímetros del injerto. Cortar 1/3 de las raíces y las raíces dañadas. Suministrar un enraizante a la planta para favorecen el desarrollo de las raíces y el arranque rápido de la vegetación. Existen sustratos que incorporan estas sustancias.
En los rosales en maceta se debe sumergir la planta en un cubo de agua sin quitar la maceta. Después retirar el tiesto antes de colocar la planta en el hoyo.
En los rosales en cepellón, no se deben mojar las raíces y hay que plantarlos con la redecilla que rodea el cepellón. Llenar el hoyo con un sustrato adecuado y apisonar, sin compactar en exceso, para evitar bolsas de aire y conseguir un mejor anclaje de la planta, lo que proporciona una mayor resistencia
al viento. Realizar un alcorque alrededor de la planta, para retener el agua y mantener la tierra húmeda. No enterrar el punto de injerto.
Cuidados
En otoño después de la plantación, se debe hacer un aporcado para proteger la planta del hielo. Consiste en cubrir el cuello de la planta con tierra o turba haciendo un montículo de unos 15 centímetros alrededor del rosal. En ese momento se pueden cortar las últimas rosas marchitas y restos
de madera muerta.
En primavera hay que retirar la tierra alrededor del rosal y extender una capa de unos 5 cm de corteza de pino, para conservar la humedad e impedir la germinación de malas hierbas.
Cuando los nuevos brotes alcanzan unos 20 centímetros, añadir abono fácilmente asimilable y de efecto rápido, para activar el crecimiento y favorecer la floración.
Regar regularmente de forma abundante en la época de floración, no mojando el follaje ni las flores.
Rastrillar la superficie una vez al mes, desde marzo a septiembre, para romper la tierra dura de la superficie y así airear el suelo y que el agua penetre mejor.
Eliminar las hojas que se caen para evitar la propagación de plagas y enfermedades.
Cortar los chupones que aparecen debajo del punto de injerto y las flores marchitas para que produzca más flores y evitar que se formen frutos que agotan el rosal.
Vigilar la presencia de polvo grisáceo o manchas que pueden ser indicio de una enfermedad causada por hongos. Si está afectado tratar con productos adecuados. En el caso de pulgones y cochinillas usar insecticidas.
Floración
Hay especies que florecen una sola vez al año, en primavera, pero muy abundantemente. Otras en cambio florecen varias veces al año, desde mayo hasta que empiezan las heladas.
Propagación
El rosal no debe reproducirse por semillas, salvo si es para hibridarse, ya que la mayor parte de los rosales proceden de hibridaciones, ya sean naturales o artificiales, y las semillas no reproducirán con fidelidad las características de la planta que las ha originado.
Para reproducir los rosales se usa el sistema de estacas si son especies sin espinas (inermes) o por injerto si son espinosas.
Propagación por estacas
Se escogen ramas del mismo año, cortándolas por la base y despojándolas de toda parte que no sea leñosa. El grosor no debe sobrepasar 1 centímetro. Recortarlas hasta dejarlas a 25 centímetros o algo menos. El corte superior se hará por encima de una yema, y el inferior justo por debajo de otra, quitando las
demás. Agruparlos en ramos y colocarlos tumbados en arena. Cubrirlos con ésta y superponiendo los siguientes ramos, tapando al final con más arena.
Las estacas se obtienen de la poda que se realiza en noviembre o diciembre, cuando están en periodo de reposo vegetativo. Una vez comience la vegetación, se colocan en líneas en una tierra rica en estiércol y suelta, separándolas unos 40 centímetros unas de otras. Se deja que asome sólo el brote superior. Regar
suavemente hasta que enraícen, procurando que mantenga la humedad. Cuando estén enraizadas, se les puede aplicar el llamado "injerto inglés" en enero.
Propagación por injerto
Para proceder a injertar rosales necesitamos una navaja afilada, cordel de rafia y algo de cera de abeja especial para injertos. Debemos conseguir pies de rosal silvestre y plantarlos en octubre-noviembre,
para que en julio estén
listos. El injerto más fácil para rosales es el escudete, aunque una vez lo tengamos dominado podemos intentar el de aproximación, de yema o a la inglesa.
Para realizar un injerto de escudete: se escoge en la corteza del portainjertos que habíamos plantado una zona lisa y sana. Se realiza un corte de arriba hacia abajo de unos 4-5 centímetros En la parte superior de ésta se realiza otro corte de 2-3 centímetros quedando como una especie de "T", así
al desprender la cortezaquedará comoun ojal sobre el que introduciremos el injerto. El injerto deberemos obtenerlo de las yemas más vigorosas y sanas del ejemplar elegido. Para extraerla se practican 2 cortes transversales, uno arriba y otro abajo y con un centímetro de separación. La yemita se separa tirando con mucho cuidado, y no debe quedar ningún resto de corteza. Se introduce en el ojal del portainjerto y se ata suavemente, hasta que se observe una nueva brotadura. En febrero-marzo se deberá podar el rosal
por encima de la yema injertadapara facilitar su desarrollo. Hasta que pasan un par de estaciones no se puede apreciar bien los resultados y puede que aún así el resultado no sea positivo, en cuyo caso tendremos que repetirlo las veces que sea necesario, porque la planta no sufre mucho con esta operación.
PODA DE ROSALES
Se podan al menos una vez al año, ya que las rosas aparecen sobre los brotes del año. Se realiza en marzo, fuera del periodo habitual de heladas. Se puede completar esta poda, haciendo otra en noviembre, en la que se eliminan los restos de madera muerta y las últimas flores marchitas. Se usan tijeras
de una
mano, y si es un tocón o rama muy gruesa, se puede usar tijeras de dos manos. El corte debe ser a bisel por encima de la yema, la distancia que separa la yema del corte nunca debe ser superior a los 5 centímetros y con la inclinación opuesta a ésta, para evitar que el agua escurra sobre la yema. Si se quiere eliminar totalmente una rama, el corte se hará lo más cerca posible de su inserción, sin dejar tocón ni dañar la rama que la sustenta.
Antes de comenzar a podar, se deben limpiar y afilar bien las herramientas, para evitar la transmisión de enfermedades de una planta a otra. Si durante este proceso el rosal resulta dañado, limpie las heridas con polisulfuro de calcio o vela derretida con el fin de sellar las grietas e impedir
la entrada
de algún patógeno.
Elimine las ramas secas, dañadas o enfermas y enmarañadas. Para saber si una rama está muerta, la superficie que se ve tras el corte del tallo es de color marrón, si está viva es de color blanco.
Elimine los chupones que brotan del portainjerto, ya que no dan flores o son de tipo silvestre, y consumen agua y nutrientes. Se reconocen porque las hojas son verde claro, son mas pequeñas y el tronco aparece por lo general más espinoso. Eliminarlos desde su inserción.
Elimine las flores marchitas que además de afearlo, consumen energías para formar el nuevo brote. Se deben eliminar cortando por debajo de la segunda hoja a partir de la flor.
También se cortarán aquellos brotes abortados, que son aquellos que crecen pero no dan flor.
Algunas veces hay brotes con tres capullos, para conseguir flores más grandes y mejor formadas hay que eliminar dos de ellos, dejando solo el central.
Poda de los rosales tipo matorral y miniatura
Se deben conservar de 3 a 7 ramas principales, dando preferencia a los brotes jóvenes y eliminando los brotes leñosos. Podar dejando de 3 a 5 yemas, como a unos 15 ó 20 centímetros y despejar también en centro.
Poda de rosales trepadores
No se recomienda podarles durante los dos primeros años de plantados, ya que durante este tiempo precisa toda su energía para desarrollar ramas.
En los que florecen varias veces al año y los rosales llorones se deben conservar entre 3 y 5 ramas, que serán las que formarán la armadura. Cortar dejando 5 o 6 yemas, es decir como unos 30 ó 40 centímetros en los brotes laterales.
En los trepadores de floración anual, se deben conservar 6 o 7 ramas principales, cortando las ramas laterales, y dejando 2 yemas.
Poda de rosales viejos
No se deben podar de forma sistemática, eliminar ramas muertos o que estén enmarañando la estructura.
Poda de rosales arbustivos y rastreros
Se podan a partir del tercer o cuarto año de haberlos plantado. Podar las ramas terminales. Se debe repetir la operación cada 3 años.
Poda de rosales híbridos de té y grandifloras
Se deben conservar 3 ó 4 ramas, las más nuevas, y de 5 a 6 yemas.
Poda de rosales floribundas
Se deben conservar 6 ó 7 yemas.
Poda de rosales shurb
Sólo se eliminan aquellas ramas secas y viejas, dejando que las más jóvenes se desarrollen de forma natural.